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Diagnóstico del estado funcional del sistema cardiovascular en halterófilos

A. F. Siniakov, S. V. Stepánova, candidata a doctora en ciencias médicas, GTsOLIFK

Resumen en español de Tyazhelaya Atletika. Ezhegodnik 1985 (Moscú: Fizkultura i Sport, 1985), pp. 37–40: el texto es una paráfrasis, no una traducción; las tablas de datos se reproducen íntegras con encabezados en español.

En los halterófilos el sistema cardiovascular trabaja en condiciones difíciles, porque los ejercicios especiales implican contener la respiración y hacer esfuerzo con la glotis cerrada. La halterofilia es en general beneficiosa para la salud, pero un entrenamiento irracional, cargas excesivas o entrenar estando enfermo pueden producir cambios patológicos como anomalías electrocardiográficas o presión arterial anormal.

La medicina deportiva presta gran atención a este sistema porque limita la capacidad de trabajo y su respuesta indica si el deporte ayuda o perjudica. Los autores emplearon una serie de pruebas: la prueba de Kevdin (40 sentadillas en 30 s), la prueba PWC 170 de capacidad de trabajo, electrocardiogramas y policardiogramas en reposo y bajo carga, telemetría, ecocardiografía y pruebas de esfuerzo con la glotis cerrada.

Electrocardiografía y frecuencia cardíaca en reposo

La electrocardiografía es un método accesible y muy informativo. Registrada en reposo (antes y después del ejercicio) y durante el entrenamiento, muestra cómo responde el corazón a las cargas, permite corregir a tiempo el entrenamiento y descubre pronto las anomalías. Por lo general no revela nada peculiar en los halterófilos (L. A. Butchenko, 1963; A. N. Vorobiov, 1977).

La frecuencia cardíaca en reposo, medida durante el día, osciló entre 44 y 83 latidos/min y promedió 62. Se halló bradicardia sinusal (por debajo de 60 latidos/min) en el 46% de los levantadores, en su mayoría moderada (50–59). En el 2.9% la frecuencia superaba 80, algo poco típico de atletas bien entrenados y signo de fatiga: todos ellos tenían problemas de salud (infección crónica, cambios en el electrocardiograma, presión arterial elevada) y soportaban peor el entrenamiento. Esto concuerda con otros autores (M. B. Kazákov, 1961; Vorobiov, 1977). En conjunto, el electrocardiograma de los levantadores se parecía al de jóvenes sanos no entrenados; el 68% presentaba arritmia sinusal no patológica. En el 20.9% la parte final del complejo ventricular (segmento S–T y onda T) cambiaba bajo una fuerte carga del miocardio. Estos atletas fueron tratados y, en los períodos de entrenamiento intenso, recibieron medicación preventiva (orotato de potasio con inosina, multivitaminas).

Ecocardiografía

La ecocardiografía, propuesta por científicos suecos en 1954, es un método relativamente nuevo. Se dirigen al corazón ondas ultrasónicas, generadas por corriente alterna en un cristal piezoeléctrico; las estructuras de distinta densidad las devuelven, y el eco es captado por un sensor, amplificado y mostrado en la pantalla de un osciloscopio, de donde lo registra una cámara. El método da las características estructurales y funcionales del corazón: grosor de la pared posterior del ventrículo izquierdo, volúmenes telesistólico y telediastólico de su cavidad, diámetro del orificio aórtico, tamaño de la aurícula izquierda y del ventrículo derecho, y contractilidad. La cardiología deportiva lo adoptó hace poco (N. D. Graevskaia, G. A. Goncharova y G. E. Kaluguina, 1976; A. G. Dembo y otros, 1978; Yu. K. Shjvatsabaia, 1979; A. G. Dembo, E. V. Zemtsovski y B. A. Frolov, 1980).

Los levantadores fueron examinados tumbados con el ecocardiógrafo soviético UZKAR-3, con el sensor en el 3.º–4.º espacio intercostal, 2–3 cm hacia fuera del borde izquierdo del esternón. Varias dimensiones cardíacas dependían claramente del desarrollo físico, por lo que los valores se juzgaron en términos absolutos y relativos. En las categorías pesadas las dimensiones absolutas eran sustancialmente mayores, pero los valores relativos eran próximos a los de hombres sanos no entrenados. La halterofilia, por tanto, no afecta sustancialmente a la morfología cardíaca, y no se halló ningún deterioro de la contractilidad del miocardio.

Pruebas de esfuerzo

Se hizo hincapié en las pruebas de carga, inespecíficas y específicas: ergometría en bicicleta y levantamiento de la barra al pecho, la prueba de Kevdin y 15 s de carrera en el sitio a ritmo máximo. Los levantadores, sobre todo los pesados, solían correr con fallos técnicos, por lo que los autores prefirieron las sentadillas.

La frecuencia cardíaca solía subir moderadamente, con un promedio del 48% por encima del nivel inicial en los primeros 10 s de recuperación; la presión sistólica subió un 29%, la diastólica bajó un 10.5% y la presión del pulso subió un 102%. En el 30% de los atletas la frecuencia cardíaca y la presión arterial se recuperaron al tercer minuto de reposo, y en el resto más lentamente. La respuesta fue normotónica en el 95%; las respuestas atípicas a la prueba de Kevdin (5%) se debieron sobre todo a infracciones del régimen de entrenamiento. Los atletas con presión arterial elevada solían recuperarse lentamente y respondían de forma hipertónica.

Tras la carrera de 15 segundos la frecuencia cardíaca subió un 81.1%, la presión sistólica un 19.5%, la presión del pulso un 87.8%, y la presión diastólica bajó un 19.4%. En el 88% la respuesta fue normotónica, con recuperación hacia el minuto 3–4; en el 12% fue atípica, sin recuperación durante los 4 min de observación. La carrera elevó más el pulso que las sentadillas, pero los cambios tras ambas pruebas fueron bastante pequeños. Las respuestas atípicas se relacionaron con infracciones del entrenamiento y con infección crónica (dientes cariados, amigdalitis crónica). En el reexamen al final del período preparatorio, la frecuencia cardíaca y la presión sistólica subieron menos y se recuperaron antes, signo de mejor estado funcional.

La prueba de esfuerzo con glotis cerrada

Para una valoración más objetiva en los exámenes profundos, los autores emplearon como prueba específica una prueba de esfuerzo con glotis cerrada. El esfuerzo durante el levantamiento afecta con fuerza a los sistemas autónomos. Con la respiración contenida aumentan las presiones intratorácica, intrapulmonar e intraabdominal, llega menos sangre al corazón derecho y el ventrículo derecho expulsa menos. El estrechamiento de los finos vasos pulmonares reduce el flujo hacia el ventrículo izquierdo, y los volúmenes sistólico y minuto caen bruscamente, aunque la aceleración compensatoria del ritmo limita la caída del volumen minuto. La presión arterial también cambia, pero pronto se recupera.

Según la mayoría de las descripciones de pruebas de esfuerzo (Valsalva, Flack, Burger), la presión sistólica normalmente sube un poco durante el esfuerzo y vuelve al nivel inicial hacia el segundo 40 posterior; una caída de más de 10 mmHg que no se recupera para entonces indica una regulación deficiente. La frecuencia cardíaca aumenta; en los atletas bien adaptados al esfuerzo el aumento es pequeño (1–3 latidos por 5 s al principio) y pronto se estabiliza, y 5–8 s después del esfuerzo se enlentece hasta quedar por debajo del nivel inicial durante un tiempo.

El electrocardiograma del atleta sentado dio la frecuencia cardíaca (en intervalos de 5 segundos durante 20 s), y luego se midió la presión arterial. Tras una inspiración profunda el atleta espiraba en un tubo de goma con boquilla conectado a un aparato de Riva-Rocci, manteniendo la presión en 40–60 mmHg durante 20 s. Se registró la frecuencia cardíaca durante el esfuerzo y durante 20 s después; la presión, inmediatamente después y 40 s más tarde.

Las Tablas 1 y 2 dan los resultados medios. La presión sistólica subió en promedio 19 mmHg y la diastólica 5; hacia el segundo 40 se había recuperado prácticamente (la sistólica solo 2 mmHg por encima de la inicial). La respuesta fue satisfactoria en el 27% de los levantadores y buena en el resto (sistólica con un aumento de 5–15 mmHg, diastólica sin cambio o con un aumento de 5–10, recuperación hacia el segundo 40, frecuencia cardíaca con un aumento de 1–2 latidos por 5 s). La Tabla 3 compara el inicio del período preparatorio con su final, 1–2 semanas antes de la competición: la presión sistólica subió menos la segunda vez, 12 frente a 18 mmHg, lo que muestra una mejor adaptación a este tipo de carga.

Tabla 1. Cambio de la presión arterial en halterófilos durante la prueba de esfuerzo con glotis cerrada (medias)

Presión arterial, mmHg
InicialInmediatamente después del esfuerzo40 s después del esfuerzo
máx.mín.máx.mín.máx.mín.
116±3.170±2.0135±3.475±1.8118±2.375±1.9

Tabla 2. Frecuencia cardíaca de los halterófilos en intervalos de 5 segundos durante la prueba de esfuerzo con glotis cerrada (medias)

Frecuencia cardíaca
InicialDurante el esfuerzoDespués del esfuerzo
5 s10 s15 s20 s5 s10 s15 s20 s
66.97.47.67.46.84.74.54.9

Tabla 3. Cambio de la presión arterial en halterófilos durante la prueba de esfuerzo con glotis cerrada al inicio y al final del período preparatorio (medias)

Etapa de preparaciónPresión arterial, mmHg
InicialInmediatamente después del esfuerzo40 s después del esfuerzo
máx.mín.máx.mín.máx.mín.
Inicio del período preparatorio110±3.676±2.4128±3.381±1.6113±2.475±2.2
Final del período preparatorio109±3.971±2.7121±5.478±3.1111±3.970±2.3

Solo un conjunto de métodos permite un diagnóstico fiable. Los datos aportados, reunidos a lo largo de varios años en 460 halterófilos Maestros del Deporte (equipos de las sociedades deportivas sindicales y de la selección nacional de la URSS), pueden servir como valores de referencia para atletas de alta cualificación.